*Por Antonio Rodríguez de León

Alarma en Canarias: España negocia abandonar El Sahara

(Capítulo VI)

Co. 27 de agosto de 2016

En el año 1882 España estuvo a punto de no lograr el Protectorado del Sahara, como consecuencia de una propuesta adoptada por el Ministerio del Estado español, quién sugirió: abandonar el derecho español sobre la plaza de Santa Cruz de Mar Pequeña, por otros lugares marroquíes en la costa mediterránea, desde Melilla hasta la frontera con Argelia, con la ciudad marroquí de Nador (frente a las islas Chafarinas). Las razones eran impedir el avance colonial francés procedente de Argelia.

El gobierno español envió una representación para abrir una nueva negociación con Marruecos para abandonar el Sahara, a cambio de un territorio en la costa mediterránea de Marruecos. El Sultán marroquí asesorado por los franceses, rechazó el intercambio de los mencionados territorios. La unificación fronteriza Argelino-Marroquí, era de sumo interés para Francia, ambos territorios eran sus colonias.

Esta idea de intercambio del Sahara por otro terreno marroquí levantó una enorme protesta en la Sociedad Económica de Amigos del País de Las Palmas, que argumentaba la necesidad de contar con un territorio en la África continental, que salvaguardarse los intereses de Canarias, frente a la voracidad del colonialismo europeo. “Se temía que la expansión de los comerciantes ingleses, a través de lo que tenía conquistado el inglés Mackenzie frente a las costas de Fuerteventura, se introducirían desde el archipiélago hacia Tarfaya, y desde ahí por toda el África Occidental, perjudicando los intereses de España para colonizar el Sahara, además, dejando en peligro la seguridad de las Islas Canarias”. Las pesquerías y el comercio entre canarios y saharauis era una realidad que nadie dudaba en Europa, precisamente esos intereses económicos era el argumento principal para colonizar el Sahara.

La burguesía canaria estaba dividida en dos partes: una favorable a que el Sahara fuese para Inglaterra por las ventajosas relaciones comerciales que tenían con empresarios canarios, éstos prefieren un Sahara inglés, que entregárselo a Marruecos.

La otra parte de la burguesía se oponía que España abandonara el Sahara por otro territorio marroquí, argumentando que, teniendo en cuenta que Inglaterra ejerce de hecho el poder económico sobre Canarias, en empresas de exportaciones agrícolas, eléctricas, en el comercio marítimo y el tráfico portuario. Por lo que si España entregara el Sahara a Marruecos, Inglaterra se quedaría con el comercio sahariano. Y tanto uno como el otro, obtendría mayor poder de pertenencia de las Islas Canarias. A partir de esos momentos, las continuas conferencias de Joaquín Costa favorables a un Sahara español fueron determinantes para que el gobierno de España rectificara en su política exterior en el Sahara.

La realidad histórica de los pescadores canarios, durante cientos de años, fueron los argumentos principales que utilizó España para convencer a Europa, que tenían intereses económicos en África, especialmente en el Sahara, al que los pescadores “españoles”, intercambiaban el comercio. Por lo tanto aspiraba con más méritos que Francia e Inglaterra para declararlo Protectorado español.

Continuará…

 



Antonio Rodríguez de León