Opinión - 24/02/2018 actualizado a las 13:48

Opinión-Octavio Medina: “Intolerancia”

De repente, da la sensación de que una extrema sensibilidad se ha apoderado de nuestra sociedad. Una sensibilidad que afecta a todo lo relacionado con el morbo, con la polémica más absurda y lo más banal

*Por Octavio Medina

Co. 24 de febrero de 2018

En 1916 el hoy clásico director de cine mudo D.W. Grifth dirigió y escribió “Intolerancia”, una incontestable obra maestra del cine mudo que narra las injusticias de la condición humana, a través de distintos episodios históricos, impulsadas por la intolerancia social y religiosa.

El caso es que si la cinta hubiese sido filmada hoy día, además de los episodios de “La caída de Babilonia”, “La pasión de Jesucristo”, “La noche de San Bartolomé” y la violencia de las huelgas de 1912 en Estados Unidos, habría que dedicar un episodio adicional basado en la pobreza humana con la que, de alguna manera imposible de comprender, hemos aceptado convivir en nuestros días. Importantes avances médicos, tecnológicos y sociales pueblan nuestra era, a buen recaudo denominada “de la información”, sin embargo parece que hemos sufrido un retroceso bastante importante en cuanto a nuestro “yo interno”. Esto me hace pensar que cada descubrimiento no se trata de un avance en lugar de una simple nueva posibilidad a la que dedicar nuestro tiempo, y no de enriquecernos gracias a ello.

Muchos son los atributos de esta pobreza, demasiados en mi opinión, pero estos pueden ser sintetizados en el título de la película de Grifth.

¿Qué nos ha ocurrido? ¿Qué nos ha pasado? De repente, da la sensación de que una extrema sensibilidad se ha apoderado de nuestra sociedad. Una sensibilidad que afecta a todo lo relacionado con el morbo, con la polémica más absurda y lo más banal. Una sensibilidad que hace mella en nuestra forma de expresarnos y de relacionarnos. Lo que intento decir es que hemos llegado a un punto en el que una opinión contraria a la nuestra ya no es una oportunidad para compartir argumentos y poder llegar a un entendimiento, sino que se ha convertido en una razón para convencer a nuestro interlocutor de que somos nosotros quienes estamos en lo cierto. Y, ustedes me perdonarán, pero en un mundo conectado por mil y una formas de comunicación activa diarias, esto da una pincelada triste a nuestra época.

Por si fuera poco, la intolerancia permanece más allá de la propia charla, o intercambio virtual de opiniones, para elaborar las etiquetas. ¿Qué significa esto? Pues que si usted sobrevive al hecho de presentar su opinión, deberá enfrentarse a la suposición ajena sobre usted. Si cree en Dios eso quiere decir que es usted una persona conservadora. Si está a favor del matrimonio homosexual querrá decir que pertenece a flas progresistas. Si usted… ¿Entiende lo que quiero decir? Puede detenerse y explicar a los cuatro vientos que no es así, que la intolerancia que mueve y crea esos comentarios es tan ciega como un amor primerizo, que las

etiquetas pertenecen a un tiempo pasado que no fue mejor, pero parece que no encontrará respuesta.

En los principales programas de televisión, revistas y medios de comunicación generalistas parecen ser muy conscientes de que la polémica y el espectáculo, sumados, dan cifras positivas para sus empresas. Eso cualquiera lo puede entender, de hecho tiene bastante sentido. Sin embargo, lejos de combatir esa desidia por la verdad y buenas formas, hemos optado por adquirir ese modus operandi en nuestro día a día. Una intervención sobre otra ya nunca volverá a ser una simple interrupción, sino de una forma de coartar la libertad del otro. Ahora parece que todo vale y se piensa que cualquier adjetivo calificativo, o lo que se nos pase por la cabeza, va a estar salvaguardado por cierto artículo 20 de la Constitución Española, sin pararnos a pensar en el daño y desvalorización que hacemos del lenguaje y de nuestra integridad.

No recuerdo cuando fue la última vez que un vídeo esperanzador con un mensaje bello se hizo viral. Aquí también todo vale: Maltrato entre personas y animales, peleas e insultos van y vienen a todas horas por nuestros medios de comunicación como reflejo del morbo que caracteriza esta sociedad.

Hay una expresión por ahí que dice: “Es más peligroso que un mono con pistolas”. Bueno, sepa usted que cada día demostramos que un mono con lápiz y papel, o dispositivo móvil, puede llegar a ser más humano que muchos de nosotros.



Octavio Medina