Podemos presumir de poseer vinos únicos, exclusivos de las islas que no se encuentran en otros lugares

*Por María Sánchez

Co. 03 de junio de 2018

Los vinos de nuestras islas han tenido siempre gran fama y renombre por su exquisito sabor y cuerpo que, según los entendidos, se lo ofrecen nuestras tierras volcánicas y nuestro sol. Disfrutamos de buenos caldos en todas nuestras islas, siendo en Tenerife donde más bodegas se encuentran.

Podemos presumir de poseer vinos únicos, exclusivos de las islas que no se encuentran en otros lugares.

Pero, cuando degustamos una copa de uno de nuestros vinos, ignoramos el trabajo que se esconde detrás de ella. Amén de la plantación, riego y diferentes cuidados que requiere en la tierra, es, después de la recogida, cuando llega el proceso de hacer de las uvas un buen vino.

La vendimia se efectúa en el mes de septiembre. Hecha la recogida se pasa al lagar donde se depositan los racimos para ser pisados. Hoy casi todo este proceso se hace por medio de máquinas que aligeran la faena del hombre. Sin embargo no siempre se ha hecho de este modo y, eran los pies de los hombres, los que pisaban la uva.

Los racimos se vacían en un cajón, normalmente cuadrado, donde un grupo de hombres con los pies descalzos y los pantalones recogidos a media pierna, dan comienzo al pisado. Para obtener mayor fuerza se cogen por los hombros o por los brazos formando un corro para ir pisando rítmicamente.

Al cabo de un tiempo predeterminado son sustituidos por otro grupo que continúa con el trabajo. El jugo resultante se vierte por un agujero o canaladura, llamada “piquera” hasta la tanquilla o lagarote, pila en la que se recogía el mosto.

De ahí pasa a la prensa artesanal de madera noble, normalmente añosa, que se guardaba en el alpende. En su conjunto, y en términos genéricos, se componía de un gran madero de castaño, pino o tea.

En la actualidad estos vetustos lagares solo se pueden ver en antiguas fincas vitivinícolas o en algún museo dedicado al vino.

Todo esto ha sido sustituido por máquinas y prensas mecánicas. Aún así nuestros vinos continúan siendo de los mejores y más reconocidos.

Saborear una copa de buen vino es un placer, si nos pasamos de eso nos convertimos en el hazme reír de quienes nos rodean.

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*Fotos cedidas por la autora. María Sánchez

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María Sánchez